Hace años, cuando el tejido social era diferente al de nuestros días, aquellos espacios donde se colectivizaba el trabajo funcionaban como el corazón de los lugares.
El molino de la Gramela fue durante mucho tiempo uno de esos “corazones” que latían al ritmo de sus gentes. Incluso cuando la piedra del molino dejó de sonar y la ciudad crecía limitando los usos y costumbres tradicionales, su espíritu invitaba al vecindario a seguir haciendo reuniones de todo tipo a su alrededor.
Desde el año 87, las piedras de aquel gigante dejaron de habitar la Gramela, pero desde hace un tiempo, nuestros compas del Galgo Azul, buscan recuperar y resignificar la importancia de este legado, ahora ya inmaterial.
Desde la Fundación queremos agradecerles que contaran con nosotros para una de sus intervenciones artísticas, en las manos del ilustrador y grafitero Julián, de @dimeplaga.
Os dejamos el enlace al proyecto y os invitamos a que os acerquéis a esta maravilla de iniciativa.
https://galgoazul.com/proxectomuino
